Aunque ustedes no lo crean, los audífonos con cable volvieron a ganar visibilidad en los últimos años y con un especial empuje durante 2025 en un mercado dominado por el Bluetooth. Impulsados por una combinación de factores técnicos, económicos y culturales que exceden la explicación de una simple ‘moda’ como algunos tratan de instaurar.
Aunque los dispositivos inalámbricos concentran la mayor parte de las ventas y de la inversión de las grandes empresas tecnológicas para su desarrollo y marketing, datos de mercado y patrones de uso confirman que el formato alámbrico mantiene una demanda activa, e incluso con proyecciones de crecimiento en segmentos específicos.
La reaparición del cable resulta visible tanto en el consumo cotidiano como en espacios de alta exposición pública. Deportistas, músicos y figuras de la farándula y el entretenimiento comenzaron a utilizar audífonos con cable de forma recurrente, lo que reactivó su presencia en el debate tecnológico y cultural. Eso sí, esa mayor visibilidad no coincide con un regreso desde cero, sino con la continuidad de un producto que nunca salió del mercado.

Audífonos con cable: entre moda y datos
Una parte del renovado interés se vinculó a un tema estético. El uso visible del cable se asoció a una imagen ‘retro’ y a una forma de diferenciación frente al formato inalámbrico, en línea con una tendencia más amplia hacia prácticas analógicas y una relación menos dependiente de dispositivos digitales. Esto contribuyó a que los audífonos con cable volvieran a ocupar un lugar reconocible en el espacio público, especialmente entre jóvenes y figuras influyentes.
Por otra parte, los datos muestran que esa lectura resulta insuficiente para explicar el fenómeno. El año pasado, los modelos inalámbricos representaron cerca del 66 % de las ventas globales, frente a un 34 % correspondiente a audífonos con cable, una proporción que se mantuvo estable en los últimos años. Lejos de un retroceso, distintas proyecciones estiman que el mercado de auriculares alámbricos alcanzará ingresos de hasta 4.500 millones de dólares hacia 2033, con un crecimiento sostenido en segmentos como el uso deportivo y profesional.

Estos números muestran que el cable no regresó como novedad o tuvo un regreso de la muerte, sino que conservó una base sólida de usuarios. Lo que sí es cierto es que la mayor exposición mediática funcionó como amplificador de un comportamiento ya existente, más que como su causa principal.
Desde el punto de vista técnico, los audífonos con cable mantienen ventajas documentadas. La conexión física evita la compresión del audio y reduce problemas frecuentes en el Bluetooth, como latencia, interferencias, cortes de señal o fallas de emparejamiento. Esta estabilidad resulta clave en usos prolongados, como jornadas de estudio, trabajo remoto, entrenamiento o reproducción audiovisual, donde la calidad constante pesa más que la conveniencia inalámbrica.
A eso se suma lo evidente: no necesitan batería ni recarga. En viajes largos o rutinas intensivas, esto elimina interrupciones o la dependencia de estuches de carga. También se destaca el rendimiento del micrófono integrado, que al ubicarse más cerca de la boca, ofrece una captación de voz más estable en llamadas y grabaciones, y muchas veces sin compresión.
Estrategia de las marcas y límites de lo inalámbrico
Las grandes compañías tecnológicas, como Apple, Samsung, Sony, Bose, Sonos y otros fabricantes de teléfonos móviles, continúan apostando de forma prioritaria por el Bluetooth. La eliminación del conector de audio y la integración con asistentes de voz, cancelación activa de ruido y software propio posicionaron al formato inalámbrico como eje central de su estrategia comercial.
Sin embargo, esa apuesta no quita las limitaciones del formato. Usuarios intensivos y profesionales mencionan de manera recurrente los problemas de autonomía, desconexiones, desgaste acelerado y fallas de funcionamiento en los audífonos inalámbricos. En contextos donde la fiabilidad resulta crítica, estas dificultades sostienen la preferencia por formatos alámbricos.
Y ojo, no hemos mencionado el factor económico. Los audífonos con cable mantienen precios mucho más bajos que sus equivalentes inalámbricos, incluso dentro de un mismo fabricante. En un accesorio de uso frecuente y fácil pérdida, el costo de reposición se volvió un criterio relevante, especialmente entre estudiantes y jóvenes, que priorizan funcionalidad y estabilidad sobre integración con ecosistemas cerrados.
Por ejemplo, ¿sabías que Apple sigue vendiendo los EarPods? Y en 2023, sacó su última actualización con USB-C. Directamente para conectarse en teléfonos u otros dispositivos con este conector y funcionan perfectos en equipos Apple u otros con Android o Windows. ¿Y sabes cuánto cuestan? $19 USD. SÍ, DIECINUEVE DÓLARES. Un producto Apple de ese precio y que se escucha igual o mejor que sus inalámbricos (AirPods) de $129 USD.
Finalmente, la idea tampoco es hacer pelear un formato con el otro. Los estudios de mercado coinciden en que el crecimiento del Bluetooth no implicó una contracción equivalente del cable. Ambos formatos cumplen funciones distintas y responden a necesidades específicas. Mientras el inalámbrico domina la innovación y el consumo masivo, los audífonos con cable conservan un lugar activo, respaldado por datos técnicos, precios accesibles y proyecciones que confirman su continuidad en el mercado global.




