Recientemente tuvimos la oportunidad de probar la nueva Canon R6 Mark III y así evaluar su desempeño en escenarios reales de fotografía y video. Una cámara que llegó al mercado con la responsabilidad de suceder a un modelo que ya equilibró de forma efectiva la resolución y la velocidad, pero en esta tercera generación Canon decidió integrar tecnologías que anteriormente solo estuvieron presentes en sus gamas más altas. El cambio más evidente que percibimos al revisar los archivos fue la densidad de información capturada, permitiendo recortes más agresivos sin una pérdida de nitidez.
Durante las primeras horas de uso, la ergonomía del cuerpo resulta familiar, ya que mantiene las dimensiones generales de su predecesora pero incorporó ajustes en la disposición de algunos diales y botones. El agarre se sintió sólido y el sellado contra el clima respondió correctamente ante condiciones de humedad moderada, lo que confirma su orientación hacia fotógrafos que requieren un equipo resistente para exteriores. La inclusión de un interruptor dedicado para cambiar entre foto y video facilita la operación híbrida sin necesidad de entrar en menús extensos o complejos.

Sensor y gestión de imagen en la Canon R6 Mark III
El núcleo de este equipo es su sensor CMOS apilado de 32,5 megapíxeles, una cifra que aumentó respecto a los 24,2 del modelo anterior y que es una diferencia notable en la reproducción de texturas finas. Realizando pruebas en condiciones de baja luminosidad y los archivos RAW mostraron una recuperación de sombras eficiente, manteniendo la fidelidad del color incluso al subir la sensibilidad a ISO 12.800. La estructura del sensor permitió una lectura de datos mucho más rápida, un aspecto técnico que minimizó de forma notable el efecto de obturador rodante en tomas de acción rápida.
La capacidad de respuesta del sistema de obturación electrónica alcanzó los 40 fotogramas por segundo, una velocidad que permite capturar momentos precisos, por ejemplo, en fotografía deportiva con seguimiento de enfoque completo. Al utilizar el obturador mecánico, la cadencia se situó en los 12 fotogramas por segundo, ofreciendo una sensación táctil más tradicional para evitar distorsiones en sujetos con movimientos muy erráticos. El procesador DIGIC Accelerator de la R6 Mark III, trabajando en conjunto con el DIGIC X, gestionó el flujo de datos sin bloqueos en el búfer, incluso grabando en ráfagas largas de archivos RAW.


El sistema de enfoque automático fue uno de los apartados donde la mejora resultó más evidente. Esta unidad utilizó algoritmos de Dual Pixel Intelligent AF derivados de la R5 Mark II, lo que facilitó el seguimiento de ojos, rostros y animales con una precisión superior. Notamos que el enfoque se mantuvo fijado al sujeto incluso cuando este salió brevemente del encuadre o cuando se cruzaron obstáculos en el primer plano, una evolución que simplificó el flujo de trabajo en retratos dinámicos y eventos sociales.
Grabamos secuencias en 4K a 120 cuadros por segundo utilizando toda la superficie del sensor, lo que permitió obtener cámaras lentas de alta calidad sin variar la distancia focal de los objetivos. La inclusión de la grabación interna en 6K RAW es un gran avance para la posproducción, ya que da mayor flexibilidad en la corrección de color y el ajuste del balance de blancos. Además, la R6 Mark III incorpora el perfil Canon Log 2, que expandió el rango dinámico por encima de los 15 pasos en mis mediciones de contraste.
La gestión térmica mostró una evolución positiva respecto a generaciones pasadas, un punto crítico para quienes realizan coberturas extensas. Durante una sesión continua de grabación en resolución máxima, el cuerpo de la cámara disipó el calor de manera uniforme y no recibimos avisos de sobrecalentamiento antes de los 50 minutos de uso ininterrumpido a temperatura ambiente. Este rendimiento se debió a una mejor distribución de los componentes internos y a un consumo de energía más optimizado por parte de la batería LP-E6P, que es ahora el estándar para este modelo.
El sistema de estabilización en el cuerpo compensó movimientos involuntarios de forma efectiva al disparar a velocidades de obturación lentas sin trípode. Al combinarlo con objetivos RF con estabilizador óptico, logramos capturar imágenes nítidas a 0,8 segundos de exposición, lo que redujo la dependencia de accesorios externos en situaciones de movilidad constante. El visor electrónico de 5,76 millones de puntos, con una tasa de refresco de 120 fps, facilitó el seguimiento de la acción en tiempo real sin experimentar retardos visuales molestos.
En cuanto a la conectividad, la R6 Mark III cumple con estándares profesionales al incluir puertos USB-C 3.2 y una salida HDMI tipo A de tamaño completo, eliminando la fragilidad de los conectores micro-HDMI. La construcción del chasis en aleación de magnesio transmitió durabilidad, manteniendo un peso de 670 gramos con batería y tarjeta incluidas. El uso de dos ranuras para tarjetas, una de ellas compatible con CFexpress Tipo B, asegura una velocidad de escritura suficiente para las exigencias del video 6K.

A pesar de las virtudes técnicas, identificamos puntos que podrían ser una barrera para ciertos perfiles de usuario. El precio de lanzamiento se situó en un rango superior al de la Mark II, lo que obliga a justificar la inversión basándose estrictamente en la necesidad de las nuevas funciones de video y la resolución extra. Asimismo, aunque los 32,5 megapíxeles son equilibrados, todavía existen sectores de la fotografía publicitaria que podrían demandar los sensores de mayor resolución presentes en la serie R5.
Eso sí, la experiencia global que tuvimos con la R6 Mark III, confirmó que empresa buscó consolidar una máquina híbrida capaz de cumplir con exigencias profesionales en diversas disciplinas. Los avances en la velocidad de lectura del sensor y la inteligencia del enfoque automático corrigieron las pocas carencias que tuvo su antecesora, entregando un producto que respondió con solvencia en cada prueba que realizamos para nuestro análisis. Bien por Canon.




