El acelerado avance de la inteligencia artificial está impulsando una nueva ola de infraestructura energética basada en gas natural, con grandes tecnológicas como Google y Microsoft vinculadas a proyectos de plantas para abastecer centros de datos en Estados Unidos.
Google ya confirmó su participación en un proyecto de centro de datos en Texas junto a Crusoe Energy y que llaman «Goodnight» por ahora. Lugar contempla el uso de una planta de hasta 933 megavatios para alimentar parte del complejo. Documentos regulatorios indican que la instalación podría emitir hasta 4,5 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, una cifra comparable a las emisiones anuales de grandes ciudades.
Centros de datos impulsados por gas natural
El complejo «Goodnight» está siendo construido en el condado de Armstrong y se desarrolla con un esquema híbrido: algunos edificios estarán conectados a la red eléctrica y otros funcionarán con generación propia mediante turbinas de gas.
El uso de energía «detrás del medidor», es decir, con plantas dedicadas directamente a los centros de datos, se está extendiendo en el sector. Según Global Energy Monitor, cerca de 100 gigavatios de capacidad a gas natural están en desarrollo en Estados Unidos exclusivamente para este tipo de infraestructura.
Otras compañías de tecnología avanzan en la misma dirección. Microsoft firmó un acuerdo de exclusividad con Chevron y el fondo Engine No. 1 para generación y suministro eléctrico destinado a centros de datos. El proyecto se relaciona a una planta en el oeste de Texas con una capacidad inicial estimada de 2.500 megavatios y un costo cercano a 7.000 millones de dólares, de acuerdo con información reportada inicialmente por Bloomberg. Las empresas señalaron que aún no existe un acuerdo definitivo ni términos comerciales cerrados.
Costos y cuestionamientos
La rápida expansión de la IA intensificó la competencia por asegurar energía. La demanda de equipos para plantas de gas generó restricciones en la cadena de suministro: los tiempos de entrega de turbinas alcanzan hasta seis años y no se prevén nuevos pedidos antes de 2028, mientras los precios podrían aumentar alrededor de 195 % respecto a 2019, según la consultora Wood Mackenzie.
Aunque Estados Unidos cuenta con amplias reservas, la producción en las principales regiones muestra una desaceleración, lo que introduce incertidumbre sobre precios y disponibilidad. Dado que el gas natural genera cerca del 40 % de la electricidad del país, cualquier variación en su costo puede trasladarse al sistema energético en general.
El giro hacia combustibles fósiles también genera cuestionamientos sobre los compromisos ambientales del sector. Google, que estableció metas de reducción de emisiones, reportó un aumento del 48 % desde 2019, vinculado al crecimiento de sus centros de datos. Legisladores estadounidenses enviaron consultas a varias empresas tecnológicas para que expliquen el uso de gas en estos proyectos y su compatibilidad con los objetivos climáticos.




