El 1 de abril de 2026, la misión «Artemis II» de la NASA despegó desde el Centro Espacial Kennedy con cuatro astronautas a bordo en el primer vuelo tripulado del programa lunar en más de 50 años. La nave Orion, impulsada por el cohete Space Launch System (SLS), inició un viaje de aproximadamente diez días alrededor de la Luna sin alunizar, con el objetivo de probar sistemas clave para futuras misiones que sí buscarán llevar humanos a la superficie lunar.
Tras el lanzamiento, la nave alcanzó una órbita terrestre elevada donde la tripulación comenzó a verificar los sistemas de navegación, soporte vital y comunicaciones. Si las condiciones se mantienen dentro de los parámetros previstos, Orion ejecuta una maniobra de inyección translunar para abandonar la órbita terrestre y dirigirse hacia la Luna, en una trayectoria diseñada para rodearla y regresar utilizando su gravedad.
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¿Qué hará Artemis II durante su recorrido?
Durante la misión, los astronautas hacen pruebas operativas del vehículo, incluyendo maniobras manuales para evaluar el control de la nave en condiciones reales de vuelo. También supervisan el desempeño de los sistemas de soporte vital, que por primera vez se utilizan con tripulación en un entorno de espacio profundo.
Además, la misión incluye la recopilación de datos sobre radiación espacial, microgravedad y efectos fisiológicos del aislamiento, factores críticos para viajes más largos. Estas mediciones permiten ajustar protocolos médicos y técnicos antes de misiones posteriores que contemplan estadías más prolongadas fuera de la órbita terrestre.
La trayectoria contempla dos órbitas iniciales alrededor de la Tierra antes de la salida hacia la Luna. Posteriormente, Orion sigue un recorrido en forma de ocho que la lleva a sobrevolar el lado oculto a una altitud de entre 4.800 y 14.500 kilómetros, una distancia mayor que la de las misiones Apollo, lo que permite observar el disco lunar completo en lugar de detalles cercanos de la superficie.
El calendario hacia el regreso a la Luna
La misión Artemis II funciona como una prueba integral del sistema de transporte tripulado que la NASA utilizará en futuras operaciones. Es la primera vez que el cohete SLS y la cápsula Orion operan con astronautas a bordo, lo que permite validar su rendimiento en condiciones reales antes de intentar un descenso en la superficie lunar.
De acuerdo con la planificación de la NASA, la misión Artemis IV, prevista para 2028, contempla el regreso de astronautas a la superficie. En ese vuelo, cuatro tripulantes viajarán en Orion hasta la órbita lunar y dos de ellos descenderán utilizando un sistema de alunizaje para realizar actividades científicas durante aproximadamente una semana en la región del polo sur.
Durante el sobrevuelo lunar de Artemis II, la tripulación toma imágenes y realiza observaciones directas de la superficie, incluyendo regiones del lado oculto que no son visibles desde la Tierra. Estas observaciones complementan los datos obtenidos por sondas automáticas y aportan información adicional para la planificación de futuras operaciones.
La misión también establece condiciones para vuelos más complejos al confirmar la capacidad de la nave para viajar más allá de los 400.000 kilómetros de distancia de la Tierra y regresar de forma segura. Este tipo de trayectorias y maniobras será esencial para los próximos pasos del programa Artemis.
Al finalizar el recorrido, la cápsula Orion reingresa a la atmósfera terrestre y ameriza en el océano Pacífico, completando un perfil de misión que valida tanto las operaciones en espacio profundo como los procedimientos de retorno.




